Mostrando entradas con la etiqueta El juego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El juego. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de enero de 2012

Una corta de árbitros....

Usted, cuando va a ir a ver o jugar un partido de rugby:

¿se fija que clima habrá? ¿lloverá? ¿cuánto?
¿fotografía el pasto de la cancha? ¿mide la tasa de agarre de ese pasto seco y/o húmedo? ¿mide el largo del pasto y su coeficiente de rozamiento?
¿mide la presión de inflado de las pelotas, que debe estar entre 9 y 10 psi?
Seguramente, no hace nada de todo esto.

El árbitro es una variable más del juego. Así como a nadie se le ocurre intentar cambiar la climatología que se dará durante el desarrollo de un partido, a nadie debería interesarle hablarle al árbitro.

Entonces:

¿para qué le gritan? ¿por qué/para qué lo insultan?
El árbitro siempre tiene razón. El que no piense de esta manera que se aleje del rugby.

"Denme un punto fijo y moveré al mundo"


Hace 2.500 años, Arquímedes, con la inteligencia premonitoria que lo caracterizó, nos dejó esta frase a los entrenadores de rugby. La historia oficial dice que se refería a las palancas y sus capacidades; en cambio, nosotros, que estamos mejor informados que la CIA (algo no tan difícil, por cierto) sabemos de buena fuente que lo que estaba diciendo era un concepto básico para ser usado en la construcción de un equipo de rugby.
En muchas discusiones y conversaciones rugbísticas todos hemos escuchado la pregunta "¿qué tipo de rugby practica tu equipo?" o sus diferentes variaciones que esconden el mismo concepto: "¿a qué querés jugar?", "¿cómo juega tu equipo?", etc. Más de una vez nos hicieron a nosotros esa pregunta y más de una vez nos la formulamos a nosotros mismos. Hay tres tipos de respuesta:
- la automática e ignorante de los deseos, aptitudes y capacidades de los jugadores: juego dinámico, explosivo, veloz, alternando ambos ejes y las tres formas de juego (carrera, pase, patada)... blablabla,
- la pesimista: con estos jugadores no podemos jugar ni a la escondida,
- la del entrenador/albañil: en función de los jugadores que tengo...

Desde el punto de vista técnico, una de las funciones primordiales de un entrenador es formar un equipo. Esto es, alterar el comportamiento de 15 o más voluntades individuales para hacer que funcionen como 15 componentes de una sóla unidad, con su identidad grupal y personalidad grupal propias. Para que las voluntades individuales funcionen juntas y coordinadas es necesario ofrecerles a los jugadores una caracterización que sirva a todos para relacionarse con los demás participantes del grupo. Este concepto, básico en la conformación de un grupo homogéneo, tiene sus connotaciones humanas, técnicas y tácticas. Cuanto más claro esté para cada individuo "quiénes son", "qué hacen" y "cómo juegan", mayor cohesión habrá y, en consecuencia, mayor probabilidad de éxito. Cada punto de esta caracterización es un punto fijo.

Bajando a tierra estas divagaciones y yendo a lo técnico, si empezaramos a repasar equipos de rugby que hemos visto jugar, veremos que los mejores equipos tienen una personalidad bien definida. El gran ejemplo son los All Blacks. Tarea obligada es, entonces, darle una caracterización, una bandera, a nuestros equipos.
Existen muchas caracterizaciones posibles, infinitas. Hemos visto equipos que construyen su juego y su personalidad desde el scrum o desde el line-out. La ventaja de esto es que, al tratarse de formaciones estáticas, son palpables, medibles. Su desventaja es que una vez terminada la primera fase del juego, la ventaja técnica/táctica se diluye. Hay otros equipos que han construido su personalidad en el juego dinámico, desafío más complejo dado que requiere destrezas técnicas complejas y variadas que son más difíciles de obtener y medir. Como decíamos, la cantidad y combinación de características que ofrecen una caracter único a un equipo (o a un Club) son ilimitadas. Por mencionar algunas otras, podemos dar el ejemplo del tackle como bandera o de los sistemas defensivos. Lo más importante es que nuestro equipo, el que nos toca entrenar o en el que jugamos, tenga una caracterización que le otorgue personalidad, que redundará en cohesión y sentido de pertenencia por parte de los jugadores. No tenerlo es jugar por jugar.

lunes, 23 de enero de 2012

Rompiendo las líneas... ventaja, tackle y offside.


Los lugares más inesperados, atípicos e inadecuados suelen ser testigos de lo que los sajones llaman "brain storming". El factor común de estos lugares es que nos niegan la posibilidad de escribir los pensamientos que nos vienen a la mente en ese caótico estado de irreflexión lúcida.
Ayer por la tarde-noche, sufrí uno de esos colapsos. Hay que aclarar que nada de esto significa que las ideas surgidas sean de una brillantez superlativa; de hecho, viniendo de quien vienen (mi persona), apenas puedo afirmar que sean dignas de mención. Pero como nada hay más audaz que la ignorancia, y uno lo es, les voy a comentar en forma ordenada esas ideas.
Todo comenzó recordando las palabras del Gran Gurú Graham Henry en un video: cuantos menos puntos de contacto (breakdowns: rucks y/o mauls) tenga tu equipo, mejor estará jugando. Dicho de otra manera, cuanta mayor continuidad pueda generar un equipo, mejor, más eficiente será. Es una verdad pública e irrefutable. Y a continuación, sin misericordia, cayeron las líneas de ventaja, de tackle y de off-side sobre mi cabeza. La combinación que se gestó fue una teorización de como lograr un juego dinámico y qué es lo que ocurre con estas líneas en cada momento.
Definamos las líneas para seguir adelante:
- Línea de off-side: es una línea imaginaria tras la que cada jugador debe estar situado para estar en juego. En un scrum está a 5 mts detrás del último pie; en un line-out está a 10 mts de este; en un ruck o un maul está detrás del último pie del último jugador que está dentro de la formación; en el juego general está dada por la pelota (en general, sólo para el equipo atacante, portador de la pelota).
- Línea de ventaja: es la línea que pasa justo entre ambas líneas de off-side.
- Línea de tackle: es la línea que pasa por el punto de encuentro entre atacantes y defensores. Es laúnica que es diagonal en el campo.

Nuestro objetivo en el juego debe ser intentar jugar en la inexistencia de estas líneas. En general, estas líneas ayudan más a la defensa que al ataque, le dan puntos de referencia en la cancha que son del todo inútiles para el equipo atacante. Cuando jugamos en este estado, sin líneas de referencia, el ataque es mucho más dinámico. De aquí vendría que la clave para gestar un ataque agresivo no está en superar la línea de ventaja, tal como muchas veces se insiste poniendo énfasis en un criterio territorial del juego, sino en perforar la línea de tackle, sea donde sea, utilizando un criterio de relación de fuerzas ataque/defensa. Cuando un jugador portador de la pelota ataca debe tener en claro que su objetivo primordial no es ganar terreno sino que ganar terreno será una consecuencia de ir quebrando sucesivamente la línea de tackle que está dada por el defensor más próximo utilizando la carrera y el pase en forma alternativa. El juego con el pie tiene similitudes pero también características propias que necesitarían otra jornada de brain storming.
Lo que estamos diciendo es que la línea de offside y la de ventaja carecen de importancia una vez que un jugador está con la pelota en las manos y que el criterio rector para todos los jugadores, tanto en ataque como en defensa, debe ser explotar la línea de tackle a favor de su equipo. Las otras dos (ventaja y offside) son descriptivas o preventivas. Describen una situación territorial (ventaja) o previenen la sanción de una infracción, penal por offside.
Si usted ha leído hasta aquí quizá se pregunte ¿y todo esto a qué viene, para qué sirve? Primero, para transmitir conceptos a los jugadores o planificar entrenamientos debemos abstraer y teorizar al máximo las situaciones de juego para después procesarlas y emitirlas con claridad; segundo, nadie que no conozca lo inútil, conoce el valor de lo útil.
¿Qué les parece?

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La destreza más difícil: el tackle.


Por estos maravillosos días de inicio del invierno, que no es otra cosa que el otoño septentrional, estamos con un grupo de amigos y compañeros del club intentando consensuar un método, forma o técnica de tackle para aplicar en los entrenamientos de nuestros jugadores de todo el club. Este tema del tackle es uno de los que más quebraderos de cabeza dan a los entrenadores, uno de los más preguntados y menos respondidos en cursos, clínicas y conferencias. Daría la impresión que nadie sabe cómo se hace un buen tackle; por lo menos nadie te dice cómo. Ni que hablar de enseñarlo o transmitirlo a los jugadores. Pero bueno, amigos, por lo menos para mí este tema ya tiene una respuesta, que si bien puede ser que no sea la definitiva, sí es una buena y una piedra de toque para comenzar a desarrollar.
Les ofrezco dos versiones de lo mismo, del tackle según los neocelandeses. ¿Por qué dos versiones? Porque son dos videos interesantísimos que básicamente dicen lo mismo.
Uno está colgado en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=MQJ39bbq2uU
La otra versión, más completa y con demostraciones de varios ejercicios que se pueden hacer a cualquier nivel hay que pagarla. :-P . La hemos visto y creemos que vale la pena. Si les interesa, pueden encontrarla en www.therugbysite.com. Busquen un video de Graham Henry que se llama "Tracking and tackling". Ahora, a trabajar. Saludos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El empuje coordinado en el Scrum


Reproducimos un artículo extraído de la página del San Isidro Club acerca del Scrum y del empuje coordinado. Quienes hacemos este blog creemos que el scrum es la mejor herramienta como punto de partida para formar un equipo de rugby desde lo humano, espiritual y estratégico.

"La Revolución del SIC:

Nuestra rica historia tiene varios hitos. Sin dudas, uno de ellos fue la llegada de Don Catamarca Ocampo. A continuación publicamos un texto de un atlético: Nicanor Gonzalez Del Solar. Vale la pena leerlo.
Hace cuarenta años, en 1969, el San Isidro Club provocó una revolución en el rugby de Buenos Aires. En realidad, sólo aplicó con convicción, fervor y disciplina un viejo concepto de utilización del scrum: el empuje coordinado, donde los ocho delanteros empujan y no utilizan al “hooker” para taconear la pelota hacia atrás, una vez que es ingresada por el medio-scrum.

Decimos “vieja idea” porque el mentor de este sistema, el entrenador Francisco “Catamarca” Ocampo, la aplicaba desde hacía mucho tiempo en otros clubes. Ocampo influyó mucho en el CASI campeón de 1954, en San Fernando, en el Club Gimnasia y Esgrima, en Pucará. También era técnico de los alumnos del Liceo Militar y de la institución de egresados.

Según me contó el hijo de “Catamarca”, Marcos Ocampo, su papá se había inspirado en un equipo legendario: los All Blacks de 1905, casi invictos en una larga gira por la Gran Bretaña. Derrotaron a Inglaterra, Irlanda, Escocia y a diferentes conjuntos regionales. En el último partido enfrentaron a Gales y fueron derrotados, aun cuando esa victoria galesa fue cuestionada porque les anularon un try a los neocelandeses, aun cuando la mayoría afirmó que había sido lícito.

Esos hombres de “Las Antípodas” tenían una forma diferente para el scrum: ponían dos pilares que empujaban; los otros delanteros formaban detrás y apuntalaban a la primera línea. La otra innovación que sorprendió a los europeos era la utilización de dos medio-scrums: uno ponía la pelota y el otro la recogía por atrás. Eso les permitía organizan ataques sin demoras.

Francisco Ocampo, un estudioso del rugby, creó el sistema del empuje coordinado que, cuando rendía, hacía retroceder a los rivales y les quitaba fuerzas. Claro, necesitaba de los hombres adecuados y… no siempre los halló, hasta que llegó a San Isidro Club, en 1969. Desde que se creó la institución de Boulogne, en 1936, había sido campeón en 1939 (con Old Georgians y Gimnasia y Esgrima), en 1941 y en 1948. Después vivió dificultades para mantenerse en Primera e, incluso, compitió en una definición para seguir en la categoría superior. Pero todo cambió a partir de 1969, cuando Ocampo provocó la revolución.

Como nunca antes, el entrenador contó con los hombres perfectos para su estrategia: Orzábal, Rocha y Alejandro Cilley en la primera línea; más otros delanteros que respondían con rigor al “empuje coordinado”. “Coco” Rocha fue el que más comprendió el sacrificio del “pilar centro”: empujar y hacer presión sobre su oponente. Lo mismo hacían los otros siete forwards: en forma coordinada, apabullaban a los contrarios cuando el hooker levantaba su pierna y pretendía taconear la pelota. ¿Qué pasó en esa década del rugby porteño? Todos los “packs” de forwards fueron apabullados y humillados por los vigorosos hombres del SIC, que siempre avanzaban y, en algunos casos, ponían de espaldas a los del otro lado.

Yo viví esa manera del jugar al rugby, aun cuando me alejé a tiempo: sólo los sufrí en 1969 porque después me retiré. En cada scrum se vivía una sensación de impotencia: cuando podía levantar el pie, tenía tan poco movimiento que empujaba la pelota hacia el otro lado de la formación. Pero lo común era estar aprisionado, con la cabeza que tocaba las rodillas. Además, retrocedíamos y no entendíamos qué pasaba. En esos tiempos “revolucionarios” del SIC apelábamos a cualquier artilugio, en el límite del reglamento, para escaparle al empuje. Se vivían momentos desconcertantes porque cundía el temor cuando el referí ordenaba un scrum.

Por supuesto, el San Isidro Club de los años ´70 era mucho más que ocho delanteros. Si bien se imponían en la formación fija, contaban con backs excelentes: Cutler, González Victorica, Matarazzo, Otaola, Mario Walter y el fenomenal Arturo Rodríguez Jurado, Puma de la primera época, capaz de rendir como centro, wing o full-back. Estos tres-cuartos aprovechaban el dominio de sus forwards en los scrums y se cansaban de apoyar tries.

Francisco Ocampo no estuvo mucho tiempo con SIC porque se murió prematuramente. Pero dejó un discípulo, un caballero del rugby: Carlos “Veco” Villegas, quien perfeccionó los conceptos del viejo maestro. Con él (y con Emilio Perasso) San Isidro Club dominó plenamente el rugby de Buenos Aires, en esos “años setenta”: fue campeón en 1970/71/72/73/77/78/79 y 1980. Asimismo, casi todos sus jugadores integraron el Seleccionado de Buenos Aires y el equipo nacional, Los Pumas. Villegas, además, entrenó al Seleccionado Argentino en 1976, cuando se viajó a la Gran Bretaña y se perdió con Gales ( el mejor de Europa en ese año) 20-19.

Después del impactó inicial, muchos clubes de nuestro país copiaron a SIC. Algunos creyeron, lamentablemente, que lo único importante era el scrum. Entonces se esforzaban en esa alternativa del rugby y se olvidaban de los pases, los lines o los reagrupamientos. No tenían en cuenta el verdadero poderío del San Isidro Club; el juego de equipo, la disciplina, la corrección y, principalmente, la calidad técnica de sus jugadores. Estas virtudes son las que, desde los míticos ´70 , han sido las bases para que el rugby de nuestra patria haya crecido tanto.

Los pasos de Ocampo, Villegas y Perasso han sido seguidos por otros hombres del SIC. Actualmente mantienen sus principios, que no desentonan con las otras variantes del deporte de los tackles: la importancia del ruck, la solidez del maul y el juego desplegado, con pases en cualquier lugar de la cancha. Por supuesto, el noble scrum jamás perdió vigencia y goza de buena salud; tanto en el San Isidro Club como en el resto del mundo del rugby.

Nicanor González del Solar".

lunes, 28 de noviembre de 2011

Eficiencia, eficacia y efectividad en el rugby

Comencemos definiendo estos conceptos que generalmente son confusos para mucho de nosotros. Después hablaremos de rugby.
Eficiencia: obtener un objetivo o producto comprometiendo la mínima cantidad de recursos posible. Resolver un maul con cuatro jugadores es más eficiente que hacerlo con ocho.
Eficacia: capacidad para lograr un resultado, producto u objetivo. La máxima eficacia en rugby consiste en marcar puntos cada vez que un equipo posea la pelota.
Efectividad: relación entre eficiencia y eficacia. A mayor eficiencia y mayor eficacia, mayor efectividad.

¿Cuál es la diferencia más sustancial entre Ma'a Nonu, primer centro de los All Blacks, y el primer centro de mi equipo?
¿Por qué los mejores equipos pueden mantener una alta intensidad de juego a través de los 80 minutos y nuestro equipo de club no?
Estas y miles de otras preguntas que podemos hacernos pueden ser respondidas usando los conceptos de eficiencia, eficacia y efectividad. O mejor aún, sólo usando el primero, eficiencia, ya podríamos darnos una idea cabal de donde radica la diferencia entre un equipo que practique un mal rugby y otro (o incluso el mismo, tomándolo en dos momentos diferentes) que juegue mejor.
Si nos tomamos el trabajo de presenciar concientemente un entrenamiento de jugadores de 6 u 8 años veremos que tienden a concentrarse sobre la pelota, a correr detrás de ella formando lo que algunos llaman "cometa", es decir, una cabeza que se mueve, la pelota, y la cola, los jugadores que la persiguen. A chicos de tan poca edad no les podemos pedir que abstraigan el juego y lo procesen racionalmente, sacando conclusiones lógicas que los convenzan de que es "mejor" tomar una posición determinada en la cancha para intervenir como apoyo, defensor u otro rol. Reemplacemos en la oración anterior "mejor" por "eficiente". El rugby infantil, rugby en su forma más básica y simple, es esencialmente un juego ineficiente. Todos los jugadores corren detrás de la pelota sin un objetivo más elevado que hacerse de la posesión de la misma por unos segundos. Este rugby es un juego de uno contra el resto con la licencia de que un grupo de jugadores, los del propio equipo, no intentarán derribar al portador para sacarle la pelota. Esta es la clave y diferencia entre el rugby bien jugado y el mal jugado: en el primero cada cual cumple su rol y deja que el compañero cumpla el suyo; en el segundo, todos quieren hacer lo mismo a la vez y todos quieren hacer todo todo el tiempo. Máximo esfuerzo a cambio de un mínimo rédito. Para el caso de niños de esa edad, esto es comprensible y perfectamente normal. De hecho, si mantenemos nuestra observación en ese entrenamiento imaginario al que hicimos referencia y delante tenemos un buen entrenador, veremos que todas sus instrucciones tienden a lo mismo, a minimizar los esfuerzos de sus jugadores para que obtengan mejores resultados. Esa es la historia del rugby a todo nivel. Órdenes como "corre hacia la derecha", "acercate al portador", "parensé donde puedan recibir un pase", etc., quieren eso, mejorar el rendimiento indivivual y colectivo.
La respuesta a la pregunta acerca de la diferencia entre Nonu y otro primer centro está dada: Nonu es más eficiente. ¿De qué depende esta eficiencia? De los mismos tres factores que todo en el rugby:
Estado físico: potencia, velocidad, agilidad.
Técnica: destrezas individuales (carrera, pase, patada, salto, uso del campo visual, timing...) y colectivas (ruck, maul, timing...).
Táctica: percepción del entorno + conocimento del juego (incluyendo el reglamento!!!) = toma de decisiones.

Llegado este punto de la nota, algunos estarán pensando que escribí palabras muy lindas pero no concretas. Muy etéreo todo, no? Bajemosló a la realidad con algunos ejemplos. Dejaremos el estado físico de lado para centrarnos en lo técnico y lo táctico.

Técnico:
Tenemos que tener muy claro que aquellos que entrenamos jugadores lo que estamos haciendo es formarlos. Siempre es así, aunque seamos los entrenadores del campeón de la liga, siempre estamos formándolos. El punto de partida con un jugador es definir su rol estratégico, su puesto. Los requerimientos técnicos de un jugador se definen por el puesto que ocupa; nada más distinto que un hooker (2) y un fullback (15). El primero necesita lanzar correctamente la pelota en el line-out y ser un experto en el scrum. Un nº15 tiene que ser solvente en el juego aéreo, buen pateador y veloz (estado físico). De todas formas, hay un sinfín de cualidades técnicas en común sobre las que trabajar: pase, tackle y contacto, por ej.
El ejemplo prometido: si un jugador no tiene una técnica adecuada para caer al suelo después del contacto o tackle, es probable que su equipo requiera más tiempo y más jugadores para liberar la pelota del ruck. Más recursos, más esfuerzo, para obtener lo mismo, la pelota. A mejor técnica individual, mayor eficiencia grupal. Esta es la importancia de la técnica, muchas veces dejada de lado en función del teórico beneficio de lo táctico sobre lo técnico. Hay quienes creen que realizar ejercicios cerrados, cíclicos y repetitivos es poco útil; que es mejor entrenar lo táctico una vez alcanzada una mínima solvencia técnica por parte de los jugadores porque esto obligará progresivamente a la mejora técnica individual. Esto es cierto sólo para los jugadores talentosos.
Nada reemplaza la técnica individual, que en términos generales consiste en hacer cada cosa con la menor cantidad de movimientos necesarios. ¿O alguien lo vio a Messi despeinarse al hacer un gol? Casi no suda!!!, porque es perfecto técnicamente.

Táctico:
Todos los jugadores toman decisiones tácticas constantemente. Decidir ser apoyo profundo o lateral es una decisión táctica, pasar o no pasar un ruck lo es, presionar acelerando la carrera o presionar estáticamente lo es, tacklear arriba trabando el balón o abajo para derribar al portador lo es. Casi todo lo que hace un jugador tiene consecuencias tácticas. De aquí que sea tan importante tener jugadores inteligentes.
El escenario más clásico de ineficiencia táctica en los delanteros es la incapacidad de resolver un ruck con sólo dos o tres jugadores, incluyendo en esto las miles de veces que los jugadores que llegan últimos en lugar de colocarse como apoyos se comprometen en la formación simplemente por inercia. Más jugadores incluidos en un ruck para obtener la misma pelota. Ya lo hemos dicho. El escenario más clásico en los 3/4 es la necesidad de hacer uno dos o más pases demás para romper la línea de ventaja o para trasladar la pelota al sector de ataque deseado.

¿Cómo podemos hacer que nuestro equipo sea más eficiente?
Pregunta simple, respuesta simple: perfeccionando la técnica y la táctica de nuestros jugadores.
Pregunta simple, respuesta compleja: preguntémonos 80 veces "por qué". Por qué mi equipo es lento, incapaz de producir juego. ¿Por qué mi equipo domina el scrum, el line, los rucks y aún así, pierde? ¿Dónde está el problema? ¿En el contacto, en los pases, en la posición de los apoyos, en la salida de la pelota del scrum, en los levantadores del line...? Una vez que hayamos sacado algunas conclusiones, comentémoslas con los jugadores. Muchos entrenadores deberían ser más explícitos con lo que desean obtener de sus jugadores, menos inductivos y más explícitos.

martes, 8 de noviembre de 2011

El uso del espacio

Hay algo que no puedo comprender. Cuando miro un partido de rugby de cualquier categoría, me llama poderosamente la atención que jugadores que portan la pelota, en superioridad numérica, por ejemplo un 3 a 1, tienen dificultades para resolverlo eficazmente con el juego de manos y terminan colisionando, porque no es un choque o percusión deliberado sino una colisión casi accidental, contra el defensor o hacen todo lo necesario para que los defensores que están en profundidad o relativamente alejados puedan llegar a posición de tackle y bloquear el movimiento de ataque. Más allá de los insultos a que son sometidos, a veces ciertamente merecidos, me pregunto cuál es la causa de esto. Hablo de jugadores que tienen la técnica suficiente para correr con la pelota en las manos y hacer un pase preciso a varios metros, aunque también es cierto que si pedimos que lo hagan hacia ambos lados... la muestra disminuye. El problema está en otro factor. No es necesariamente técnico, un problema de destrezas. El problema, creo yo, es que los jugadores no están ni entrenados ni formados en el uso del espacio. Esto es algo definitivamente grave en rugby, un juego donde el objetivo intrínseco de cada movimiento es precisamente ese, la ocupación del espacio. Debe haber pocos o ningún otro deporte en el que el espacio sea tan importante como en el rugby. Y ahí van los centros, de frente, chocándose de cabeza contra los centros adversarios...

Hurgando en las imágenes de mi mente, en la carpeta de "Entrenamientos", archivos visuales de los últimos 15 años, se repite una y otra vez la situación del cuadro de conitos demarcadores de terreno marcando terrenos ínfimos, de 5x5 o a lo sumo de 10x10, pero siempre con jugadores hacinados en su interior pegándose golpes y perdiendo la pelota. Esos mismos jugadores son los que el partido siguiente volvieron a perder la posesión de la pelota pero esta vez en una situación de juego diferente, la del 3 a 1 que mencionábamos antes con decenas de metros cuadrados alrededor y ninguna experiencia en su resolución. Quiero decir, en general no entrenamos situaciones del juego en las que nuestros jugadores estén con posesión controlada del balón, en relación numérica favorable y gran cantidad de espacio. Insistimos permanentemente en entrenar bajo el adagio de que cada jugador tiene que gestionar un espacio de 5 x 5 mts y no solemos salir de él y con esto lo que le estamos transmitiendo a los jugadores es que la referencia del juego es el adversario, no el espacio libre. ¿Cuándo fue la última vez que entrenamos un 2 a 1 en un espacio de 20 x 10 mts. o 30 x 10 mts.? ¿Por qué no lo hacemos? Porque consideramos que jugar con espacio es mucho más fácil que jugar sin espacio. Creo que esa es la razón pero también creo que esa es una verdad relativa. Es cierto que es más simple pero no necesariamente más fácil, porque implica mayor control de la carrera, del pase, del espacio en definitiva. El error más frecuente que vemos en el juego en grandes espacios es que los jugadores tienden a reducir su propia área de juego porque están acostumbrados a jugar en espacios reducidos. Lo habitual es que un jugador promedio perciba que ha tomado la marca adversaria a mucho menor distancia del adversario que lo necesario, acercándose a la línea defensiva oponente y dando como resultado la reducción del espacio que tendrá para jugar el receptor del primer pase y su apoyo externo. En defintiva, al tomar la marca demasiado cerca terminan favoreciendo a la defensa, que precisamente lo que necesita en reducir el espacio disponible para el atacante y, en consecuencia, el tiempo de reacción y ejecución del ataque.
La propuesta sería que cambiemos nuestra idea de lo que es fácil o difícil de ejecutar en el juego, asumiendo que jugar en espacios abiertos puede ser todo un desafío, a veces aún mayor que jugar en espacios cortos y con apoyo cercano y eficaz. Al alterar la variable espacio en nuestros ejercicios veremos rápidamente que varían también el tiempo (el "timing") de ejecución de la carrera, el pase, los cambios de paso, la toma efectiva de la marca y, en función de esto también variarán las necesidades de portador y apoyos, teniendo que ser más precisos no sólo en los pases, que al ser más largos serán más difíciles, sino también en la relación posicional de los jugadores, dando la posibilidad al apoyo externo de elegir su posición en el eje profundo y en el lateral en función de la posición de la defensa. De hecho, en el juego con más espacio es mucho más importante que el apoyo externo sea un buen jugador posicionalmente que en el juego cerrado, donde basta con colocarse con profundidad, sin tener que seleccionar su posición en el eje lateral (porque este prácticamente no existe). Más allá de todo este divague hipocientífico, los invito a que prueben a sus jugadores en ejercicios de 3 a 1 en espacios de 30 x 10 y se sorprenderán. Prueben un 5 a 3 en un campo de 40 x 20 mts. Cada vez que vean ganar a la defensa verán que están dejando en evidencia las falencias técnicas de los atacantes (pase, carrera) y su incapacidad de conducirse eficazmente en el espacio. Bueno, es lo que me pasó a mí. Ustedes dirán.

martes, 11 de octubre de 2011

Anatomía de un equipo de rugby, por Graham Henry

Les presentamos un extracto de un capítulo del libro "El factor X-Graham Henry". En él, el entrenador de los All Blacks describe cuáles son las funciones y cualidades básicas a tener en cuenta para cada puesto del equipo:

- Fullback (15): primero y principal, tiene que ser capaz de atrapar el balón y tacklear. Si es capaz de hacer esto, se debe evaluar si el jugador puede desarrollar el juego de ataque. El fullback es el jugador mejor posicionado del equipo para atacar, el atacante más importante. Es un jugador que permanentemente debe estar en movimiento porque está en condiciones de entrar en la línea en casi todas las oportunidades en que su equipo tiene posesión de la pelota. Es de vital importancia tener un fullback que maneje los tiempos del juego y sea poderoso en los contraataques.

- Wingers (11 y 14): son rematadores. En rigor, deben tener las mismas características que los fullbacks pero por sobre todas las cosas, su función principal es marcar tries (ensayos) en cuanto les den un centímetro de espacio. Los wingers deben ser capaces de jugar en ambos lados del campo, lo que significa que deberían ser capaces también de patear con ambas piernas.

- Segundo Centro (13): es la posición más difícil de cumplir de toda la línea. Debido a esto, hace falta madurez y experiencia. Los mejores segundos-centros son grandes corredores, duros tackleadores y tomadores de decisiones (decision-makers). Es una posición donde jugadores débiles psicológicamente pueden ser desbordados por adversarios ásperos.

- Primer Centro (12): se requieren jugadores hábiles en la distribución del juego, capaces de pasar la pelota eficazmente bajo presión (lo que implica transportar la pelota con las dos manos), un buen pie y la habilidad para explotar brechas en la defensa adversaria.

- Apertura (10): en el rugby moderno, para esta posición se necesita un jugador que sea capaz de jugar bajo gran presión (GH no agrega nada más específico de la posición pero podemos agregar: habilidad para tomar decisiones, organizador del juego y del equipo posicionalmente, habilidad para patear y para hacer pases precisos con ambos perfiles; capacidad para jugar plano o profundo; solvencia en el tackle para bloquear su canal de juego al adversario).

- Medio-scrum (9): pase. Eso es lo más importante a la hora de evaluar a un medio-scrum. La distancia y la velocidad a la que un medio-scrum dé sus pases puede darle un metro extra a los centros.

- Octavo: necesita la habilidad de un medio-scrum para pasar la pelota; no debe ser muy alto para mantener un centro de gravedad bajo y con esto poder llevar el balón y su cuerpo detrás de la línea de ventaja. El octavo debe tener la contextura ideal, ni demasiado alto ni demasiado bajo

- Alas-Flankers (6 y 7): vienen en dos versiones, el flanker abierto que juega al fondo de line-out (la touche) y es esencialmente un destructor del juego adversario, y el ala cerrado, que es un jugador de apoyo, un excelente saltador y sólido defensor. El ala cerrado necesita manos confiables, seguras y la habilidad de la anticipación.

- Segunda línea (4 y 5): se requieren jugadores móviles para adaptarse al juego dinámico a la vez que altos para asegurar la obtención en el line-out. En la primera posición del line-out se suele utilizar al más pesado de los dos debido a que sólo se le lanzarán dos o tres pelotas en todo el partido (nota: a nivel internacional), capaz también de ganar rucks y mauls casi por sí mismo. El segunda línea más ligero y hábil debe ser utilizado en la segunda posición de salto, en el medio del line, posición que recibirá entre 12 y 15 pelotas por partido. Ambos deben ser móviles, atléticos y deben poseer la destreza básica de recibir y entregar un pase.

- Pilares (1 y 3): se ha dejado de lado el modelo de pilar gigante, pesado, capaz de mover por sí mismo a todo el pack oponente, siendo buscados jugadores móviles con destrezas de pase adecuadas para un juego dinámico.

- Hooker (2): el hooker debe ser el mejor jugador de lines del equipo. Si no puede efectuar lanzamientos precisos para asegurar la posesión de su equipo, no tiene nada. Sin esta destreza, todo lo demás es una pérdida de tiempo.

-Entrenador: no importa cuan talentosos sean sus jugadores, ellos necesitarán un entrenador, y lo que un entrenador debe ser por sobre todas las cosas es un organizador. Primero debe organizar todo lo que está alrededor de él (club, delegado, etc...) y después organizar a sus jugadores. Los jugadores necesitan dirección. Los entrenamientos deben ser de alta intensidad y deben ser dinámicos porque el modo en que se entrena es el modo en que se juega. Cada minuto del entrenamiento debe estar planificado. Todos los que están implicados en el entrenamiento deben respetar a los jugadores. Si no hay respeto, no existe nada más. Todas las responsabilidades confluyen en el entrenador. No es bueno culpar al médico o al fisioterapeuta. Si hay un problema en el campo, es problema del entrenador. El entrenador necesita gente alrededor trabajando en el mismo sentido, totalmente leales a él.

Obviamente, las funciones y características de cada puesto no están agotados con lo escrito por GH. De hecho, en algunas posiciones clave ha sido excesivamente parco, pero valga la referencia de quien es tenido como el mejor entrenador del mundo desde hace más de 10 años.

viernes, 30 de septiembre de 2011

El scrum (la melè) reloaded.


Para comenzar este artículo tendré que dar la cara. No vale la apología del anonimato esgrimida con la publicación del logo de Prorugby.es en donde debería haber una foto mía. Pero bueno, basta decir que reconozco ser argentino y pilar (pilier) para que sepan de donde viene el tema, qué tipo de compromisos y constumbres rugbísticas practico y predico (no, no pondré una foto mía ;-) ).
Durante varios años, más que los deseables para los de mi oficio (de primera línea) escuché que el scrum (la melè en Iberia) era una formación retrógrada del rugby, que con el tiempo desaparecería, que era una fosilización del juego. Particularmente, este tipo de comentarios fueron más comunes en el medio donde yo jugaba por allá por fines de los 90s. El rugby profesional había irrumpido, con él el Super 12 y con ellos una nueva forma de interpretar el juego. En realidad, la forma de juego no era nueva pero sí buscaba ser popular, masiva. Esta nueva forma de juego es lo que en otro artículo ya comentamos: el rugby total, filosofía que busca priorizar la dinámica, el juego audaz, de 15 contra 15 enfrentándose con alta intensidad y velocidad de movimientos, pelota en mano y a la vista de todos, donde, para no irnos más por las ramas, se busca perfeccionar los principios básicos del juego: continuidad, apoyo y presión.
Deciamos que el Super 12 explotó en 1996 mostrando al mundo ese tipo de juego, con partidos que no era raro ver que terminaran con 60 o más puntos marcados entre ambos equipos, donde lo más importante era atacar, atacar y atacar, y ganaría el que más puntos hiciese (no el que menos recibiese). Para muchos, era la muerte del scrum. Los más optimistas decían que el scrum sólo servía como una plataforma de lanzamiento del juego, que realmente no importaba tanto desarrollar la formación más allá de lograr hacer que el rival no empujara al equipo propio. La idea era que el rugby del futuro, que de hecho es el que hoy, 15 años después, estamos viendo, sería más parecido al rugby league que al union. Se equivocaron.
La evolución del juego se dio hacia otra parte. Evolucionaron rápidamente los sistemas defensivos y la idea que se le dio a los jugadores acerca del valor de la defensa. Con esto, se emparejaron los partidos entre rivales de niveles distintos y se volvió a una situación parecida, pero no igual!, a la previa: la batalla física del scrum recobró importancia. Una porción no despreciable de lo que está en juego durante un partido se resuelve en el 8 contra 8 con pelota detenida. En el Mundial que se está jugando en este momento en NZ podemos ver que ocurren dos fenómenos: los equipos más poderosos tienen más dificultades con los más débiles cuando estos últimos ganan la batalla del scrum; equipos de nivel variado han apostado a contratar entrenadores extranjeros especializados en scrum.
El gran ejemplo de lo primero es el partido que Irlanda le gana a Australia, reciente campeón del Tri Nations. El pack irlandés "rompió" al australiano desde la primera línea. Un ejemplo sobre la importancia que se le está dando al scrum a nivel internacional es que un equipo en ascenso como Canadá y un grande de siempre como Gales han salido al mercado de entrenadores a contratar especialistas en la formación. Ya no va más aquello de que "el scrum será sólo una plataforma de reinicio y lanzamiento del juego".
En menos de 20 años la evolución del juego ha sido justa con todas sus facetas: no quedó por el camino ninguna formación, el rugby no perdió su fisonomía y, como si esto fuera poco por estos tiempos, se logró hacer que hasta la "vetusta" maquinaria del scrum evolucione para convertirse en una herramienta primordial para cualquier equipo. Los primeras líneas, de parabienes.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Definiendo el Rugby Total

El rugby, como todo en esta vida, tiene sus tópicos y clichès. Uno de ellos es llamarle a nadie sabe muy bien qué "Rugby Total".
Muchas veces hemos oído la desaforada ira de un entrenador gritándole a sus jugadores, en tono de rugido: "...vamos a jugar un rugby total...". En ese momento, un segunda línea mira el horizonte y suspira, ya ni siquiera preguntándose qué significado podría tener eso. Más allá de correr y dejar todo en el campo, qué es el rugby total, qué es lo que su entrenador pretende de él.
En este juego hubo y hay (y esperemos que siga habiendo en el futuro) mucha gente grande. Uno de ellos fue Mr. Jim Greenwood, jugador de Escocia en los 50's y reconocido pedagogo (de los de antes) del rugby. Entre sus libros, el más conocidos se llama precisamente "Rugby Total".

"Rugby total y rugby de bajo riesgo:

El rugby por el que estoy interesado como entrenador (coach) es el rugby en su forma más excitante: el juego de manos de quince hombres en el que cada jugador tiene las destrezas necesarias para actuar como atacante, defensor o apoyo y en el que el estilo de juego le da la oportunidad para hacer todo eso. Esta forma efervescente y abierta del juego es la más satisfactoria para jugadores, potenciales jugadores, espectadores, árbitros y entrenadores. Es donde el juego ha encontrado su versión más memorable en el pasado y donde descansa su futuro.
Necesitamos un nuevo nombre para este tipo de juego porque los entrenadores que cultivan el juego de bajo riesgo lo han denominado despectivamente "rugby de quince jugadores" agregando a su planteo únicamente hacer circular la pelota a lo ancho del campo. Personalmente, creo en el rugby de quince jugadores pero la aquello que más valoro es un jugador con capacidad de juicio y lo que más deploro es un equipo que adhiera y practique un único aspecto del juego. "Rugby Total" es un nombre adecuado para describir un rugby que incluye todas las formas simples del juego y las usa tácticamente aplicándolas en las condiciones más convenientes y que persigue desarrollar el juego de quince hombres con la pelota en la mano.
Aquello que caracteriza a este modo de juego es asumir los riesgos de modo juicioso. Gran parte del placer inmediato que da el juego, para jugadores y espectadores, proviene de la toma de decisiones y riesgos en forma exitosa, del sabor de la aventura, quizá porque requiere una mayor expresión vital por parte del jugador, o porque ofrece una demostración más plena de valores que el juego seguro y convencional. Incluso ganado, la forma más segura y convencional de medir el éxito, lo mejor que puede ofrecer el juego es ganar con audacia, poniéndonos más allá de lo banal, de la rutina, del día a día.
Para desarrollar este tipo de juego en forma consistente uno debe estar comprometido a ganar. Lo que caracteriza y distingue al rugby total es la variedad e intrepidez de sus métodos de ataque, basados en la plena competencia de los jugadores.
Para ayudar a definir esta forma de entender el juego es útil tener presente su contrapunto, el rugby de bajo riesgo, caracterizado por buscar la victoria minimizando los riesgos de ser derrotado. Este tipo de estrategia está basado en dos conceptos tácticos excelentes: disminuir el riesgo y jugar sobre las fortalezas propias. Ambos conceptos están incluidos en el rugby total, fundidos en él; en cambio, en el rugby de bajo riesgo definen y limitan las aspiraciones de un equipo. Como parte de un todo, amalgamados a otros conceptos, dan seguridad y confianza; aislados ofrecen monotonía y tedio.
La debilidad capital del rugby de bajo riesgo es que ofrece pocas oportunidades a los jugadores para desarrollar todo el potencial de su talento. El problema principal de jugar sobre las fortalezas de un equipo es que se tienden a perpetuar las debilidades. La concentración de estos elementos produce, en el mejor de los casos, una formidable aunque abúlica eficiencia casi siempre basada en la potencia de un pack de forwards (delanteros). Cuando las tácticas básicas usadas por estos equipos, que son el uso del pie de modo táctico/posicional y la explotación del lado cerrado del campo, son rechazadas y contenidas por la oposición habitualmente observamos una falta de recursos y vías alternativas para jugar. En el peor de los casos, la posesión del balón se convierte en algo embarazoso, en un compromiso indeseable. Paradójicamente, el poder de los delanteros de este tipo de equipos crea la base perfecta para obtener un rendimiento superlativo del equipo. El factor que limita que esto ocurra es una falta de visión y de saber-hacer.
En estas circunstacias, los principalmente perjudicados son los jugadores. Se convierten en víctimas de rugby de bajo riesgo: siendo rechazada la oportunidad de desarrollar sus habilidades y la oportunidad de utilizarlas, van gradualmente perdiendo la técnica, el juicio táctico y la actitud mental que hacen posible el rugby audaz. Después, estos mismos jugadores pasan a convertirse en excusas del sistema porque, claro está, con jugadores así no se puede hacer un rugby audaz. Esto ocurre a todos los niveles pero mucho más en niveles de elite. Muchos de los mejores equipos del rugby internacional juegan esta forma negativa de rugby, equipos con jugadores realmente talentosos, cuyo talento frecuentemente se va atrofiando. Como resultado de todo esto, no sólo todos aquellos relacionados con el juego sino el juego mismo sufre las consecuencias.
La batalla parece haber sido ganada. Durante la Copa del Mundo de 1995 el rugby total fue el dominante. Es, sin dudas, el estilo del futuro. Este libro ha estado siempre pensado con la idea de mejorar al jugador individual y la calidad y variedad de sus destrezas y habilidades. En principio, se concentra en la escasez de coaching para los tres-cuartos; posteriormente en liberar a los delanteros de ideas preconcebidas acerca de su rol en el juego. Y es justo que se diga que ambos anhelos han sido exitosamente obtenidos."

(Total Rugby by Jim Greenwood, 5th edition)

Amén.