sábado, 25 de agosto de 2012

Esa loca fiebre por la posesion

Me encanta el rugby. En su momento, me encantaba jugarlo. Al igual que a todo el mundo, me cuesta encontrar las palabras para explicar por qué me gustaba tanto. El desafío físico, el psicológico, la batalla de la superación personal... muchas cosas, muy comentadas y no por ello poco ciertas. Ahora, que para mi el rugby jugado ha dejado paso al analizado, al aplicado a través de terceros, he encontrado otros atractivos que se agregan y complementan a los del rugby practicado como jugador.
El rugby tiene la capacidad de no aburrir nunca. Esta característica deviene de su gran complejidad, por lo imprevisible, por lo cambiante que es. Realmente no hice la cuenta pero para hacer un análisis mas o menos decente del desarrollo de un partido, para poder comprender qué es lo que pasa en el juego, debemos tener datos de por lo menos tres o cuatro variables bien seleccionadas y fiables. La posesión no es una de ellas.
En el mundo del rugby no profesional hay una tendencia excesiva a considerar la posesión de la pelota como una situación fundamental a la hora de medir el rendimiento de un equipo o de intentar comprender un resultado. De hecho, incluso a nivel de cursos de entrenador y de discusiones de relativo alto nivel se habla de ella como un Principio Fundamental del juego. Dirán que gente mas inteligente y dedicada al juego que yo lo postula. Estoy de acuerdo, así es. Sin embargo, seguiré sosteniendo lo que la vieja escuela decía: los Principios Fundamentales del juego son tres, Continuidad, Apoyo y Presión. 
La cuestión de la posesión la resumo en pocas palabras: estoy cansado de ver partidos donde el ganador es el que ha tenido menos posesión. Partidos de mundiales, de torneos locales, de copas continentales, de lo que sea. Es por esto que digo que la "guita" esta en otra parte. 
Después de decir algo como esto es probable que muchos quisieran responderme que para hacer puntos es necesaria la posesión, que sin posesión no hay posibilidad de marcar. Es cierto, inobjetable. Sin embargo, en estos casos es necesario condimentar a la posesión con el "cuándo" y el "dónde". En defintiva, a lo que voy es que a veces es mejor ceder la posesión de la pelota y jugar de contraataque, usando el pie para lograr ventaja posicional en el terreno sobre el mantenimiento de la posesión como fin en sí mismo.
Este punto de la posesión es importantísimo porque definirá casi todo nuestro juego. Aquellos que piensen que la posesión no es lo más importante del juego tomarán determinadas decisiones sobre diferentes fases del juego: hookear o no hookear en el scrum, pescar o no pescar en los rucks, etc...
El juego que cada uno quiere para su equipo se define primero en términos conceptuales. La importancia que se le dé a mantener el control de la pelota es uno de ellos.

lunes, 2 de abril de 2012

La ética del viejo rugby


Hace no tantos años, en el rugby no estaba permitido realizar cambios. Se jugaba con 15 jugadores y eran esos 15 los que debían comenzar y terminar, a veces no todos, el partido. No había cambios tácticos, cambios por sangre, cambios por primera línea ni cambios por lesión, algo que hoy consideramos mínimo, normal y civilizado para nuestro juego.
Aunque nos suena un poco salvaje eso de entrar con 15 y terminar o no con los mismos 15 (si se lesionaban dos jugadores del mismo equipo este jugaría con 13, sin reemplazos ni nada), sospecho que aquel rugby precisamente por esto, por la presión que imponían estas condiciones, por la adversidad, era más noble, más humano. Y no menos competitivo que el actual. El ansia de ganar, de imponerse al otro es parte intransferible, de la condición humana.
Algo también interesante de aquellos tiempos es que el respeto y la caballerosidad no estaban ajenos como lo están hoy. Ganar no era todo. Ganar en desigualdad de condiciones era aún menos importante. O incluso una aberración.
Hace algunos días, un amigo me comentó que en un partido de campeonato de divisiones inferiores un entrenador decidió salir con 12 jugadores a la cancha porque el equipo adversario estaba en esa condición. Lo que ocurrió en el partido resulta anecdótico. Lo que no es anecdótico, me decía alguno de los presentes, fue el sentir un bombazo de aire fresco entre tanta competitividad insana, vana e inútil. La ética del viejo rugby se hizo presente. Para algunos fue revivir por un instante otros tiempo, tiempos de gloria, de la buena, de la real.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La postemporada.

Sentados donde estamos en este momento, en el hemisferio norte, estamos en tiempos de finalización de temporada. Algunos equipos tienen la suerte de estar jugando la fase más intensa de la competición y otros, en cambio, ya están pensando en la próxima temporada, quizá con algo de desazón. A los equipos que se mantienen en lo alto de las tablas de posiciones les enviamos nuestra más sincera felicitación. A los que ya no compiten les dedicamos este artículo.
Cada momento del año debe ser asumido como una etapa de oportunidad. No sólo la pretemporada debe ser dueña de nuestra ilusiones deportivas, que muchas veces vemos desaparecer después de tres partidos de liga. Si no caemos en esta idea desviada, generalmente ligada a la valoración de una temporada por partidos ganados y no por el crecimiento de los jugadores como deportistas y personas, podremos continuar nuestro trabajo como entrenadores con paz y paciencia, que son las guías de nuestro trabajo y claves del verdadero éxito, incluyendo el meramente deportivo.
Los grandes entrenadores, sin excepción, son grandes organizadores. Su capacidad de organización puede ser mayor incluso que su visión como estrategas del rugby. Esto no es un detalle menor si tenemos presente que las discusiones de tercer tiempo entre entrenadores suelen pasar por lo técnico (pocas veces) y por lo táctico y casi nunca por lo organizativo. Es por esto que les propongo que dividamos el año en tres etapas: pretemporada, temporada y postemporada.
Pretemporada: es el tiempo de preparación cercano a la competencia. Suele durar uno a dos meses aunque podríamos decir que, dependiendo del club y de cada jugador, esta etapa puede consumir hasta tres meses. Su rasgo característico es el de la preparación física.
Temporada: está claramente definida por los torneos, campeonatos o ligas a disputar. Es el momento de explotar todo lo trabajado en las otras dos etapas. Prevalece la optimización táctica del equipo.
Postemporada: etapa desconocida para más de la mitad de los entrenadores, jugadores y clubes de rugby. Su comienzo está dado por el fin de la competencia regular. Es el momento de mayor oportunidad de crecimiento de un club. Es el momento en que tanto entrenadores como jugadores pueden dedicarse al rugby en su modalidad más lúdica y social y, sobre todo, es cuando debemos corregir y aumentar las destrezas técnicas de los jugadores. Es tan importante esto que si analizamos un minuto el juego veremos que el equipo ganador a todo nivel, excepto el profesional, suele ser el equipo con mayor repertorio y calidad de destrezas en cada jugador y no el más fuerte o más ordenado tácticamente. Repito, esto, a nivel amateur.
Para finalizar, les dejo unas preguntas:
¿Corren mis jugadores con la pelota en las dos manos?
¿Pasan la pelota correctamente, respetando los factores clave de este gesto técnico? ¿Lo hacen hacia ambos lados?
¿Patean la pelota con discreta precisión?
¿Pueden mis jugadores hacer un tackle sin arriesgar su integridad física?
¿Pueden tomar contacto con un adversario sin perder la posesión?
Como decía uno de mis entrenadores hace algunos años, hay que laburar...

miércoles, 7 de marzo de 2012

Graham Henry, nuevo asesor de Argentina

Parece que la UAR (Unión Argentina de Rugby) va en serio. A continuación, la nota periodística del diario La Nación.

"La UAR sacudió el mundo del rugby con la noticia. Se trata nada menos que de Graham Henry, el DT que salió campeón del mundo con los All Blacks en 2011, quien ahora será asesor técnico de Santiago Phelan, de cara al nuevo desafío que se le viene a los Pumas: el Championship Tournament (4 Naciones).

Su función en los Pumas, será la de "ayudar a los entrenadores y al rugby de base" en este 2012, según anunció en la presentación Manuel Galindo, presidente de la Subcomisión de rugby de Alto Rendimiento (SRAR). Este año, jugarán por primera vez el Cuatro Naciones, ante las tres selecciones más fuertes del mundo: Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia.

"Es el indicado para estar al lado nuestro", sentenció el preidente de la UAR, Luis Castillo, mientras que el entrenadro Santiago Phelan agregó: "Es un honor, va a ser muy positivo", en relación a la incorporación del neocelandés por el plazo de un año desde el 1° de abril. En los próximos días se reunirá con el head-coach de los Pumas para diagramar el esquema de trabajo."

sábado, 28 de enero de 2012

Los entrenamientos durante la temporada, por Jim Greenwood


Esta vez dejaremos que hablen los que saben. Transcribimos a continuación un extracto del libro "Total Rugby" (5ª edición, editorial A&CB, pags. 73-74) de Jim Greenwood.


Estructuración de los entrenamientos:

En muchos aspectos, el factor más decisivo es que el entrenador adopte una estructura en sus entrenamientos. Sea la que sea la estructura que adopte, esta estará reflejando sus expectativas y deseos. La carencia de un estructura estará demostrando la falta de definición de sus objetivos.
La estructuración de los entrenamientos debe apuntar a dar a estos propósito, progresión, variedad e inclusividad de las destrezas o gestos aprendidos previamente. Debe limitar los errores y dar confianza pasando de lo fácil a lo difícil, de lo simple a lo complejo, de ejercicios de baja presión a ejercicios de alta presión, de lo individual a lo grupal, de lo básico a lo sofisticado. También debe animar y ayudar al entrenador a cubrir todos los aspectos del juego dentro de sus posibilidades en función de los materiales y jugadores disponibles. En conclusión, debe dar el mayor nivel de actividad en el tiempo disponible.
Cualquier medida que se tome con el objeto de adoptar una organización de los entrenamientos, por más rudimentaria que sea, será bienvenida, porque esto implica que serán contemplados una mayor cantidad de factores que merecen nuestra atención. La forma de organización o de estructuración de los entrenamientos que mejor se adapta al rugby total es aquella que incluye y contempla todas las fases y circunstancias del juego. Sea como sea, la organización que proponemos es simple, sólida y fácil de usar:

1. Discusión del último partido.
2. Calentamiento: elongación, ejercicios con pelota, ejercicios de potencia.
3. Técnica individual.
4. Técnica por unidades.
5. Patrones de juego - Juego a nivel equipo.
6. Trabajo físico.
7. Destrezas tácticas: estas son destrezas posicionales individuales que requieren un alto grado de atención por parte del entrenador. Debido a que el entrenador no puede dedicarle tiempo a sólo un jugador haciendo esperar a los demás, este tipo de recomendaciones deben ser dadas a cada jugador en forma individual antes o después de los entrenamientos o mientras el resto de los jugadores está ocupado en otros ejercicios o actividades.

Es obvio que no se pueden hacer ejercicios de todo en todos los entrenamientos y que el entrenador debe seleccionar aquellas destrezas y ejercicios que entrenará cada vez. En general, a nivel club se trabaja un mínimo de dos veces a la semana. Es de esperar que los jugadores trabajen individualmente en ciertas áreas de la preparación (gimnasio, estado físico) en tiempos fuera de los entrenamientos grupales. Los jugadores que así lo hacen esperan que el tiempo utilizado en los entrenamientos sea bien utilizado. Es por esto que es esencial que haya una correcta y detallada preparación de las sesiones de entrenamiento.
Para una buena preparación de los entrenamientos existen cuatro factores clave: planeamiento selectivo (qué vamos a entrenar), intensidad, calidad y coaching (intervención del entrenador).

...continuará.

miércoles, 25 de enero de 2012

Una corta de árbitros....

Usted, cuando va a ir a ver o jugar un partido de rugby:

¿se fija que clima habrá? ¿lloverá? ¿cuánto?
¿fotografía el pasto de la cancha? ¿mide la tasa de agarre de ese pasto seco y/o húmedo? ¿mide el largo del pasto y su coeficiente de rozamiento?
¿mide la presión de inflado de las pelotas, que debe estar entre 9 y 10 psi?
Seguramente, no hace nada de todo esto.

El árbitro es una variable más del juego. Así como a nadie se le ocurre intentar cambiar la climatología que se dará durante el desarrollo de un partido, a nadie debería interesarle hablarle al árbitro.

Entonces:

¿para qué le gritan? ¿por qué/para qué lo insultan?
El árbitro siempre tiene razón. El que no piense de esta manera que se aleje del rugby.

"Denme un punto fijo y moveré al mundo"


Hace 2.500 años, Arquímedes, con la inteligencia premonitoria que lo caracterizó, nos dejó esta frase a los entrenadores de rugby. La historia oficial dice que se refería a las palancas y sus capacidades; en cambio, nosotros, que estamos mejor informados que la CIA (algo no tan difícil, por cierto) sabemos de buena fuente que lo que estaba diciendo era un concepto básico para ser usado en la construcción de un equipo de rugby.
En muchas discusiones y conversaciones rugbísticas todos hemos escuchado la pregunta "¿qué tipo de rugby practica tu equipo?" o sus diferentes variaciones que esconden el mismo concepto: "¿a qué querés jugar?", "¿cómo juega tu equipo?", etc. Más de una vez nos hicieron a nosotros esa pregunta y más de una vez nos la formulamos a nosotros mismos. Hay tres tipos de respuesta:
- la automática e ignorante de los deseos, aptitudes y capacidades de los jugadores: juego dinámico, explosivo, veloz, alternando ambos ejes y las tres formas de juego (carrera, pase, patada)... blablabla,
- la pesimista: con estos jugadores no podemos jugar ni a la escondida,
- la del entrenador/albañil: en función de los jugadores que tengo...

Desde el punto de vista técnico, una de las funciones primordiales de un entrenador es formar un equipo. Esto es, alterar el comportamiento de 15 o más voluntades individuales para hacer que funcionen como 15 componentes de una sóla unidad, con su identidad grupal y personalidad grupal propias. Para que las voluntades individuales funcionen juntas y coordinadas es necesario ofrecerles a los jugadores una caracterización que sirva a todos para relacionarse con los demás participantes del grupo. Este concepto, básico en la conformación de un grupo homogéneo, tiene sus connotaciones humanas, técnicas y tácticas. Cuanto más claro esté para cada individuo "quiénes son", "qué hacen" y "cómo juegan", mayor cohesión habrá y, en consecuencia, mayor probabilidad de éxito. Cada punto de esta caracterización es un punto fijo.

Bajando a tierra estas divagaciones y yendo a lo técnico, si empezaramos a repasar equipos de rugby que hemos visto jugar, veremos que los mejores equipos tienen una personalidad bien definida. El gran ejemplo son los All Blacks. Tarea obligada es, entonces, darle una caracterización, una bandera, a nuestros equipos.
Existen muchas caracterizaciones posibles, infinitas. Hemos visto equipos que construyen su juego y su personalidad desde el scrum o desde el line-out. La ventaja de esto es que, al tratarse de formaciones estáticas, son palpables, medibles. Su desventaja es que una vez terminada la primera fase del juego, la ventaja técnica/táctica se diluye. Hay otros equipos que han construido su personalidad en el juego dinámico, desafío más complejo dado que requiere destrezas técnicas complejas y variadas que son más difíciles de obtener y medir. Como decíamos, la cantidad y combinación de características que ofrecen una caracter único a un equipo (o a un Club) son ilimitadas. Por mencionar algunas otras, podemos dar el ejemplo del tackle como bandera o de los sistemas defensivos. Lo más importante es que nuestro equipo, el que nos toca entrenar o en el que jugamos, tenga una caracterización que le otorgue personalidad, que redundará en cohesión y sentido de pertenencia por parte de los jugadores. No tenerlo es jugar por jugar.

lunes, 23 de enero de 2012

Rompiendo las líneas... ventaja, tackle y offside.


Los lugares más inesperados, atípicos e inadecuados suelen ser testigos de lo que los sajones llaman "brain storming". El factor común de estos lugares es que nos niegan la posibilidad de escribir los pensamientos que nos vienen a la mente en ese caótico estado de irreflexión lúcida.
Ayer por la tarde-noche, sufrí uno de esos colapsos. Hay que aclarar que nada de esto significa que las ideas surgidas sean de una brillantez superlativa; de hecho, viniendo de quien vienen (mi persona), apenas puedo afirmar que sean dignas de mención. Pero como nada hay más audaz que la ignorancia, y uno lo es, les voy a comentar en forma ordenada esas ideas.
Todo comenzó recordando las palabras del Gran Gurú Graham Henry en un video: cuantos menos puntos de contacto (breakdowns: rucks y/o mauls) tenga tu equipo, mejor estará jugando. Dicho de otra manera, cuanta mayor continuidad pueda generar un equipo, mejor, más eficiente será. Es una verdad pública e irrefutable. Y a continuación, sin misericordia, cayeron las líneas de ventaja, de tackle y de off-side sobre mi cabeza. La combinación que se gestó fue una teorización de como lograr un juego dinámico y qué es lo que ocurre con estas líneas en cada momento.
Definamos las líneas para seguir adelante:
- Línea de off-side: es una línea imaginaria tras la que cada jugador debe estar situado para estar en juego. En un scrum está a 5 mts detrás del último pie; en un line-out está a 10 mts de este; en un ruck o un maul está detrás del último pie del último jugador que está dentro de la formación; en el juego general está dada por la pelota (en general, sólo para el equipo atacante, portador de la pelota).
- Línea de ventaja: es la línea que pasa justo entre ambas líneas de off-side.
- Línea de tackle: es la línea que pasa por el punto de encuentro entre atacantes y defensores. Es laúnica que es diagonal en el campo.

Nuestro objetivo en el juego debe ser intentar jugar en la inexistencia de estas líneas. En general, estas líneas ayudan más a la defensa que al ataque, le dan puntos de referencia en la cancha que son del todo inútiles para el equipo atacante. Cuando jugamos en este estado, sin líneas de referencia, el ataque es mucho más dinámico. De aquí vendría que la clave para gestar un ataque agresivo no está en superar la línea de ventaja, tal como muchas veces se insiste poniendo énfasis en un criterio territorial del juego, sino en perforar la línea de tackle, sea donde sea, utilizando un criterio de relación de fuerzas ataque/defensa. Cuando un jugador portador de la pelota ataca debe tener en claro que su objetivo primordial no es ganar terreno sino que ganar terreno será una consecuencia de ir quebrando sucesivamente la línea de tackle que está dada por el defensor más próximo utilizando la carrera y el pase en forma alternativa. El juego con el pie tiene similitudes pero también características propias que necesitarían otra jornada de brain storming.
Lo que estamos diciendo es que la línea de offside y la de ventaja carecen de importancia una vez que un jugador está con la pelota en las manos y que el criterio rector para todos los jugadores, tanto en ataque como en defensa, debe ser explotar la línea de tackle a favor de su equipo. Las otras dos (ventaja y offside) son descriptivas o preventivas. Describen una situación territorial (ventaja) o previenen la sanción de una infracción, penal por offside.
Si usted ha leído hasta aquí quizá se pregunte ¿y todo esto a qué viene, para qué sirve? Primero, para transmitir conceptos a los jugadores o planificar entrenamientos debemos abstraer y teorizar al máximo las situaciones de juego para después procesarlas y emitirlas con claridad; segundo, nadie que no conozca lo inútil, conoce el valor de lo útil.
¿Qué les parece?

viernes, 13 de enero de 2012

¿Para qué entrenamos a nuestros jugadores?





Desde hace unos meses me encuentro en la alegre tarea de entrenar un equipo de Cadetes, una Menores de 18. Realmente, es una tarea alegre porque a pesar de las amenazas y advertencias de varios compañeros del club acerca de la dificultad de entrenar un grupo de jugadores de esta "crítica" edad, la adolescencia, no he tenido mayores inconvenientes. Todo lo contrario, el trabajo que uno hace desde todo punto de vista, técnico y humano, se ve claramente reflejado en el equipo y en cada individuo. La tarea que iba a ser ardua en cuanto al manejo del grupo es amable.
Hay una cuestión que siempre me preocupó y para la que no creo haber encontrado una respuesta definitiva. Se define con la pregunta "¿para qué los estoy entrenando?". No es una pregunta personal, no me pregunto "para qué" en cuanto a mi interés sino en cuanto al de los jugadores. Visto de otra manera, y para que quede más claro, lo que pregunto es:
¿entreno a este equipo para que gane?, ¿entreno a este equipo para que obtenga su mayor rendimiento en el próximo partido?
Durante mi vida deportiva aprendí que el triunfo, el verdadero, el trascendente (por lo menos a nivel personal), el que nos hace conocer la gloria deportiva, es el que se dá cuando uno llega al primer equipo del club. Todas las instancias previas, incluyendo ganar el campeonato local de una categoría infantil o juvenil es intrascedente frente a la obtención de un ascenso de categoría o un campeonato con la Primera del club. Son situaciones incomparables.
De esa experiencia aprendí que todo cobra sentido en los últimos años de nuestra vida deportiva/competitiva, que el tiempo que hayamos perdido intentando ganar partidos en categorías juveniles o infantiles, si fue a expensas de perder el tiempo en mejorar nuestra capacidad técnica y táctica como jugadores, fue tiempo perdido. Gloria efímera.
Estoy convencido que debemos entrenar a nuestros más jóvenes jugadores para prepararlos para su llegada al primer equipo (Senior) del club. Esa es la meta. Esto, que se dice fácil y que muchos dirán que es lo que hacen desde hace años no es lo que habitualmente se ve en los campos de juego. Cada vez que a un jugador o a un árbitro se lo increpa a gritos, se lo insulta, conducta habitual de muchos entrenadores y padres, se está tirando abajo ese principio, esa decisión. Porque el mensaje que se transmite es "quiero ganar hoy". Ni que hablar de las implicancias que esto tiene en cuanto a la transmisión de principios, valores y conductas, de la educación de la persona humana por sobre el jugador. Nefasto. Pero sólo hablando de lo técnico, manteniéndonos dentro de esa pequeña parte de las funciones de un entrenador, si logramos tener claro que nuestro esfuerzo debe esperar a que los jugadores lleguen al plantel superior del club para ver los resultados, sólo así, podremos mantener una conducta coherente y constructiva. Está claro que no es lo mismo ganar o perder, pero no es lo más importante. Por lo menos no mientras nos refiramos a competencias formativas. Nuestro objetivo debe ser formar jugadores de Primera División, o por lo menos intentarlo. Nuestras decisiones como entrenadores de rugby base, juvenil o infantil deben estar marcadas por ese precepto.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Comentarios para armar un buen entrenamiento: los objetivos.


En esta vida, donde todas son verdades de perogrullo que nadie tiene presentes, vamos a dar unas pautas simples para planificar un entrenamiento de calidad.
Lo primero a definir es cuál es el objetivo del entrenamiento. Para esto, es bueno disecar hasta las porciones más simples (y abstractas!!!) de aquello que nos preocupa, qué problema tenemos con nuestros jugadores/equipo.
Preguntas para el entrenador:
1. ¿Qué tipo de problema es? ¿Físico, técnico o táctico?
2. ¿Qué calidad tiene el problema? ¿Básica, intermedia o compleja?

Ejemplo:
Mis jugadores no pueden hacer tres pases seguidos sin tirar la pelota al suelo.
Problema: técnico.
Calidad: básica.
Objetivo del entrenamiento/s: desarrollar una técnica básica, el pase. En este punto, debemos descomponer la destreza específica en sus factores clave: mirada a la pelota, manos afuera para recibir la pelota, no introducir la pelota al cuerpo, disociar tren superior de inferior, etc., etc... Por cierto, todas las destrezas básicas comienzan unos segundos antes de su realización y finalizan unos segundos después.

De aquí también concluimos que debemos iniciar con una intensidad mínima. Es muy frecuente ver que se entrenan planteos tácticos en equipos que no tienen destrezas básicas afianzadas o que se les pide intensidad a los jugadores cuando estos son incapaces de sostenerla. La técnica no tiene nada que ver con el tamaño de los testículos de los jugadores.

Con estas dos preguntas ya tenemos una buena orientación hacia la definición y puesta en práctica de un entrenamiento en particular en función de un objetivo puntual. Es interesante que cada entrenamiento tenga una lógica interna y una lógica contextual, es decir, que la continuidad de los entrenamientos a través de semanas y meses tengan coherencia. Entrenar un día pase, otro día maul, otro día defensa confunde más que ordena a los jugadores.

El objetivo de un entrenamiento es la conclusión extraída de hacerse las preguntas adecuadas hasta llegar a las causas últimas.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ser y parecer: la vestimenta.


En estos tiempos, donde hay dos movimentos poderosísimos dando vueltas en la calle sobre el valor de la imagen, nos preguntamos qué valor debemos darle a esta en nuestro deporte. Dejenmé aclararles primero a qué me refiero.
Hay gente enferma por la imagen, pendiente de ella como de un fin en sí mismo, por cómo tienen el pelo, donde hacerse un tatuaje, como caminar, etc. Dicen que la imagen no les importa pero está a la vista de todos que no es así.
Por otra parte, hay quienes desprecian la imagen como algo totalmente superfluo, innecesario, contraprudecente, como enemiga de la lógica y la sabiduría. Basta para reconocer a este grupo buscar esos personajes perfectamente desalineados, donde la asimetría y el dudoso gusto reinan. Ni tanto ni tan calvo, amigos.
¿Qué tiene que ver esto con el rugby? Mucho, al igual que con todo.
Vestir correctamente para jugar al rugby es muy importante. Aporta calidad en el juego, particularmente en los entrenamientos, que es donde la vestimenta queda a criterio de los jugadores. En los partidos, la uniformidad, en general, está garantizada. Aporta también un rasgo de indentidad, que bien explotado, puede resultar sumamente importante para la difusión del deporte.
Vayamos sólo a lo práctico: si un segunda línea entrena con pantalones de futbol o de basket, no estará ayudando a los levantadores del line a hacer su trabajo. Si un pilar usa una camiseta rockanrollera, el agarre con sus compañeros de la primera línea será vulnerable, desajustado; si un fullback usa zapatillas o adipanes (botas con tacos de goma), tiene más riesgo de resbalar al intentar iniciar un contraataque. Si el jugador está vestido de cualquier cosa menos de jugador de rugby, aumenta su tasa de errores. Muchas veces he visto entrenamientos con jugadores semidesnudos porque perdieron su camiseta en el último contacto. Ese jugador ya no tiene que preocuparse del entrenamiento sino de hacerse de otra camiseta rápidamente. Pierde tiempo de entrenamiento.
Hay otros aspectos interesantes. En el club donde entrenamos actualmente, la cancha de rugby está junto a dos canchas de futbol. Es notable y ejemplificador ver a los jugadores perfectamente vestidos, con la indumentaria adecuada, con el abrigo necesario, incluso a veces uniformados en un entrenamiento. Cuando uno mira la cancha de rugby, la sensación que tiene es distinta. Tan distinta que a veces parece un grupo de pordioseros, linyeras o homeless (llamenlés como quieran) o en el mejor de los casos de aficionados a otros deportes. Me ha pasado de tener un jugador al que le pregunté dónde estaban las canchas de tenis porque parecía más jugador de tenis que otra cosa.
Ser y parecer. Es útil. Es práctico. Es importante.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Tiempo de reflexión para el entrenador

Por estos días en que la temporada entra en un impasse por 2-4 semanas, es bueno parar un poco el ritmo de nuestra vida rugbística, darnos vuelta y ver qué pasó en la primera mitad de temporada. Como siempre, para este tipo de casos es clave hacerse buenas preguntas. No por haber ganado todos los partidos debemos asumir que hemos hecho todo bien ni tampoco por haber perdido todos, asumir que hemos hecho todo mal. Los balances deportivos no deben hacerse en función de los puntos obtenidos en la competición sino en función de pequeños objetivos dirigidos y centrados en nuestros jugadores. De esta manera, tendremos pautas más asequibles, fáciles de medir e interpretar, y también más eficientes a la hora de buscar resultados puntuales.
Hubiera sido muy interesante realizar a principio de temporada dos pequeñas actividades: evaluar a los jugadores en cuanto a sus capacidades (físicas, técnicas y tácticas) y plantear objetivos a mediano plazo. Si este trabajito está hecho, podremos pasar a la siguiente fase, la actual, sin mayores contratiempos. Les ofrezco algunas preguntas a modo de guía y ejemplo para ordenar las ideas:

1. ¿Son mis jugadores capaces de jugar un partido a la misma intensidad física los 80 minutos? ¿Debo hacer cambios obligados por cansancio prematuro?
2. ¿Tienen la potencia física adecuada a la competición que enfrentan? No tenerla puede conllevar serios riesgos físicos para los jugadores.
3. ¿Hemos logrado mejorar alguna destreza individual básica durante estos últimos meses: carrera, pase, tackle, patada, etc.?
4. ¿Hemos mejorado alguna destreza grupal: scrum, ruck, maul, line-out, breakdowns, turnovers, etc.?
5. ¿Trabajamos la inteligencia táctica de nuestros jugadores: comunicación, toma de decisiones, organización posicional-recolocación, etc.?

Si alguna de estas preguntas tuviera por respuesta "no", les propongo las tres preguntas clave para resolver problemas: por qué, por qué y por qué.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La destreza más difícil: el tackle.


Por estos maravillosos días de inicio del invierno, que no es otra cosa que el otoño septentrional, estamos con un grupo de amigos y compañeros del club intentando consensuar un método, forma o técnica de tackle para aplicar en los entrenamientos de nuestros jugadores de todo el club. Este tema del tackle es uno de los que más quebraderos de cabeza dan a los entrenadores, uno de los más preguntados y menos respondidos en cursos, clínicas y conferencias. Daría la impresión que nadie sabe cómo se hace un buen tackle; por lo menos nadie te dice cómo. Ni que hablar de enseñarlo o transmitirlo a los jugadores. Pero bueno, amigos, por lo menos para mí este tema ya tiene una respuesta, que si bien puede ser que no sea la definitiva, sí es una buena y una piedra de toque para comenzar a desarrollar.
Les ofrezco dos versiones de lo mismo, del tackle según los neocelandeses. ¿Por qué dos versiones? Porque son dos videos interesantísimos que básicamente dicen lo mismo.
Uno está colgado en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=MQJ39bbq2uU
La otra versión, más completa y con demostraciones de varios ejercicios que se pueden hacer a cualquier nivel hay que pagarla. :-P . La hemos visto y creemos que vale la pena. Si les interesa, pueden encontrarla en www.therugbysite.com. Busquen un video de Graham Henry que se llama "Tracking and tackling". Ahora, a trabajar. Saludos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El empuje coordinado en el Scrum


Reproducimos un artículo extraído de la página del San Isidro Club acerca del Scrum y del empuje coordinado. Quienes hacemos este blog creemos que el scrum es la mejor herramienta como punto de partida para formar un equipo de rugby desde lo humano, espiritual y estratégico.

"La Revolución del SIC:

Nuestra rica historia tiene varios hitos. Sin dudas, uno de ellos fue la llegada de Don Catamarca Ocampo. A continuación publicamos un texto de un atlético: Nicanor Gonzalez Del Solar. Vale la pena leerlo.
Hace cuarenta años, en 1969, el San Isidro Club provocó una revolución en el rugby de Buenos Aires. En realidad, sólo aplicó con convicción, fervor y disciplina un viejo concepto de utilización del scrum: el empuje coordinado, donde los ocho delanteros empujan y no utilizan al “hooker” para taconear la pelota hacia atrás, una vez que es ingresada por el medio-scrum.

Decimos “vieja idea” porque el mentor de este sistema, el entrenador Francisco “Catamarca” Ocampo, la aplicaba desde hacía mucho tiempo en otros clubes. Ocampo influyó mucho en el CASI campeón de 1954, en San Fernando, en el Club Gimnasia y Esgrima, en Pucará. También era técnico de los alumnos del Liceo Militar y de la institución de egresados.

Según me contó el hijo de “Catamarca”, Marcos Ocampo, su papá se había inspirado en un equipo legendario: los All Blacks de 1905, casi invictos en una larga gira por la Gran Bretaña. Derrotaron a Inglaterra, Irlanda, Escocia y a diferentes conjuntos regionales. En el último partido enfrentaron a Gales y fueron derrotados, aun cuando esa victoria galesa fue cuestionada porque les anularon un try a los neocelandeses, aun cuando la mayoría afirmó que había sido lícito.

Esos hombres de “Las Antípodas” tenían una forma diferente para el scrum: ponían dos pilares que empujaban; los otros delanteros formaban detrás y apuntalaban a la primera línea. La otra innovación que sorprendió a los europeos era la utilización de dos medio-scrums: uno ponía la pelota y el otro la recogía por atrás. Eso les permitía organizan ataques sin demoras.

Francisco Ocampo, un estudioso del rugby, creó el sistema del empuje coordinado que, cuando rendía, hacía retroceder a los rivales y les quitaba fuerzas. Claro, necesitaba de los hombres adecuados y… no siempre los halló, hasta que llegó a San Isidro Club, en 1969. Desde que se creó la institución de Boulogne, en 1936, había sido campeón en 1939 (con Old Georgians y Gimnasia y Esgrima), en 1941 y en 1948. Después vivió dificultades para mantenerse en Primera e, incluso, compitió en una definición para seguir en la categoría superior. Pero todo cambió a partir de 1969, cuando Ocampo provocó la revolución.

Como nunca antes, el entrenador contó con los hombres perfectos para su estrategia: Orzábal, Rocha y Alejandro Cilley en la primera línea; más otros delanteros que respondían con rigor al “empuje coordinado”. “Coco” Rocha fue el que más comprendió el sacrificio del “pilar centro”: empujar y hacer presión sobre su oponente. Lo mismo hacían los otros siete forwards: en forma coordinada, apabullaban a los contrarios cuando el hooker levantaba su pierna y pretendía taconear la pelota. ¿Qué pasó en esa década del rugby porteño? Todos los “packs” de forwards fueron apabullados y humillados por los vigorosos hombres del SIC, que siempre avanzaban y, en algunos casos, ponían de espaldas a los del otro lado.

Yo viví esa manera del jugar al rugby, aun cuando me alejé a tiempo: sólo los sufrí en 1969 porque después me retiré. En cada scrum se vivía una sensación de impotencia: cuando podía levantar el pie, tenía tan poco movimiento que empujaba la pelota hacia el otro lado de la formación. Pero lo común era estar aprisionado, con la cabeza que tocaba las rodillas. Además, retrocedíamos y no entendíamos qué pasaba. En esos tiempos “revolucionarios” del SIC apelábamos a cualquier artilugio, en el límite del reglamento, para escaparle al empuje. Se vivían momentos desconcertantes porque cundía el temor cuando el referí ordenaba un scrum.

Por supuesto, el San Isidro Club de los años ´70 era mucho más que ocho delanteros. Si bien se imponían en la formación fija, contaban con backs excelentes: Cutler, González Victorica, Matarazzo, Otaola, Mario Walter y el fenomenal Arturo Rodríguez Jurado, Puma de la primera época, capaz de rendir como centro, wing o full-back. Estos tres-cuartos aprovechaban el dominio de sus forwards en los scrums y se cansaban de apoyar tries.

Francisco Ocampo no estuvo mucho tiempo con SIC porque se murió prematuramente. Pero dejó un discípulo, un caballero del rugby: Carlos “Veco” Villegas, quien perfeccionó los conceptos del viejo maestro. Con él (y con Emilio Perasso) San Isidro Club dominó plenamente el rugby de Buenos Aires, en esos “años setenta”: fue campeón en 1970/71/72/73/77/78/79 y 1980. Asimismo, casi todos sus jugadores integraron el Seleccionado de Buenos Aires y el equipo nacional, Los Pumas. Villegas, además, entrenó al Seleccionado Argentino en 1976, cuando se viajó a la Gran Bretaña y se perdió con Gales ( el mejor de Europa en ese año) 20-19.

Después del impactó inicial, muchos clubes de nuestro país copiaron a SIC. Algunos creyeron, lamentablemente, que lo único importante era el scrum. Entonces se esforzaban en esa alternativa del rugby y se olvidaban de los pases, los lines o los reagrupamientos. No tenían en cuenta el verdadero poderío del San Isidro Club; el juego de equipo, la disciplina, la corrección y, principalmente, la calidad técnica de sus jugadores. Estas virtudes son las que, desde los míticos ´70 , han sido las bases para que el rugby de nuestra patria haya crecido tanto.

Los pasos de Ocampo, Villegas y Perasso han sido seguidos por otros hombres del SIC. Actualmente mantienen sus principios, que no desentonan con las otras variantes del deporte de los tackles: la importancia del ruck, la solidez del maul y el juego desplegado, con pases en cualquier lugar de la cancha. Por supuesto, el noble scrum jamás perdió vigencia y goza de buena salud; tanto en el San Isidro Club como en el resto del mundo del rugby.

Nicanor González del Solar".

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿¿¿Estado físico, técnica o táctica???


Vamos a viajar al planeta de los supuestos...
Supongamos que podemos elegir un plantel de jugadores en el que estos estarán muy evolucionados en uno de estos aspectos:
Grupo 1: superatletas, potentes, veloces, ágiles.
Grupo 2: jugadores dúctiles, hábiles, versátiles.
Grupo 3: inteligentes, grandes tomadores de decisiones (pero sin conocimiento aún del juego).

¿Qué grupo elegiría?
Envienos un comentario y construyamos nuestro equipo!!!

Entrenar en invierno.

Muchas veces nos preguntamos cómo se hace un equipo de rugby. Más allá de lo técnico, a veces esta pregunta apunta a otro lugar, a la conformación de un grupo homogéneo, consolidado, que pueda abrazar una misma causa y luchar por ella.
En estos días en que comienza el invierno y el frío resta ánimo y ganas de ir a entrenar, alguno se preguntará por qué mejor no quedarse en casa. Si la respuesta es que de todas formas hay que ir a entrenar, la batalla del día está ganada y el granito de arena, aportado.
Recuerdo una vez que un jugador retirado me contaba acerca de sus lides rugbísticas, de su pequeña gloria deportiva junto a su equipo. Me relataba una anécdota de un entrenamiento que el pensaba importantísimo en su historia como jugador. Técnicamente, no le había aportado mucho pero sí le había dejado una experiencia diferente. Lo que más destacaba era que habían asistido muchos jugadores habiendo sido un día de lluvia torrencial, temperaturas bajo cero y la cancha estaba bajo 15 cm. de agua. En esa oportunidad entrenaron no con el objeto de mejorar sus destrezas sino de fortalecer su espíritu y cohesionar al grupo. Porque aunque como experiencia "extrema" sabe a poco, tampoco era de las más habituales. Los equipos de rugby fuertes son aquellos que saben enfrentarse a la adversidad sin perder el ánimo y el invierno es un mortal "quitaánimos". Superemos la pequeña molestia del frío. Sigamos adelante.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Eficiencia, eficacia y efectividad en el rugby

Comencemos definiendo estos conceptos que generalmente son confusos para mucho de nosotros. Después hablaremos de rugby.
Eficiencia: obtener un objetivo o producto comprometiendo la mínima cantidad de recursos posible. Resolver un maul con cuatro jugadores es más eficiente que hacerlo con ocho.
Eficacia: capacidad para lograr un resultado, producto u objetivo. La máxima eficacia en rugby consiste en marcar puntos cada vez que un equipo posea la pelota.
Efectividad: relación entre eficiencia y eficacia. A mayor eficiencia y mayor eficacia, mayor efectividad.

¿Cuál es la diferencia más sustancial entre Ma'a Nonu, primer centro de los All Blacks, y el primer centro de mi equipo?
¿Por qué los mejores equipos pueden mantener una alta intensidad de juego a través de los 80 minutos y nuestro equipo de club no?
Estas y miles de otras preguntas que podemos hacernos pueden ser respondidas usando los conceptos de eficiencia, eficacia y efectividad. O mejor aún, sólo usando el primero, eficiencia, ya podríamos darnos una idea cabal de donde radica la diferencia entre un equipo que practique un mal rugby y otro (o incluso el mismo, tomándolo en dos momentos diferentes) que juegue mejor.
Si nos tomamos el trabajo de presenciar concientemente un entrenamiento de jugadores de 6 u 8 años veremos que tienden a concentrarse sobre la pelota, a correr detrás de ella formando lo que algunos llaman "cometa", es decir, una cabeza que se mueve, la pelota, y la cola, los jugadores que la persiguen. A chicos de tan poca edad no les podemos pedir que abstraigan el juego y lo procesen racionalmente, sacando conclusiones lógicas que los convenzan de que es "mejor" tomar una posición determinada en la cancha para intervenir como apoyo, defensor u otro rol. Reemplacemos en la oración anterior "mejor" por "eficiente". El rugby infantil, rugby en su forma más básica y simple, es esencialmente un juego ineficiente. Todos los jugadores corren detrás de la pelota sin un objetivo más elevado que hacerse de la posesión de la misma por unos segundos. Este rugby es un juego de uno contra el resto con la licencia de que un grupo de jugadores, los del propio equipo, no intentarán derribar al portador para sacarle la pelota. Esta es la clave y diferencia entre el rugby bien jugado y el mal jugado: en el primero cada cual cumple su rol y deja que el compañero cumpla el suyo; en el segundo, todos quieren hacer lo mismo a la vez y todos quieren hacer todo todo el tiempo. Máximo esfuerzo a cambio de un mínimo rédito. Para el caso de niños de esa edad, esto es comprensible y perfectamente normal. De hecho, si mantenemos nuestra observación en ese entrenamiento imaginario al que hicimos referencia y delante tenemos un buen entrenador, veremos que todas sus instrucciones tienden a lo mismo, a minimizar los esfuerzos de sus jugadores para que obtengan mejores resultados. Esa es la historia del rugby a todo nivel. Órdenes como "corre hacia la derecha", "acercate al portador", "parensé donde puedan recibir un pase", etc., quieren eso, mejorar el rendimiento indivivual y colectivo.
La respuesta a la pregunta acerca de la diferencia entre Nonu y otro primer centro está dada: Nonu es más eficiente. ¿De qué depende esta eficiencia? De los mismos tres factores que todo en el rugby:
Estado físico: potencia, velocidad, agilidad.
Técnica: destrezas individuales (carrera, pase, patada, salto, uso del campo visual, timing...) y colectivas (ruck, maul, timing...).
Táctica: percepción del entorno + conocimento del juego (incluyendo el reglamento!!!) = toma de decisiones.

Llegado este punto de la nota, algunos estarán pensando que escribí palabras muy lindas pero no concretas. Muy etéreo todo, no? Bajemosló a la realidad con algunos ejemplos. Dejaremos el estado físico de lado para centrarnos en lo técnico y lo táctico.

Técnico:
Tenemos que tener muy claro que aquellos que entrenamos jugadores lo que estamos haciendo es formarlos. Siempre es así, aunque seamos los entrenadores del campeón de la liga, siempre estamos formándolos. El punto de partida con un jugador es definir su rol estratégico, su puesto. Los requerimientos técnicos de un jugador se definen por el puesto que ocupa; nada más distinto que un hooker (2) y un fullback (15). El primero necesita lanzar correctamente la pelota en el line-out y ser un experto en el scrum. Un nº15 tiene que ser solvente en el juego aéreo, buen pateador y veloz (estado físico). De todas formas, hay un sinfín de cualidades técnicas en común sobre las que trabajar: pase, tackle y contacto, por ej.
El ejemplo prometido: si un jugador no tiene una técnica adecuada para caer al suelo después del contacto o tackle, es probable que su equipo requiera más tiempo y más jugadores para liberar la pelota del ruck. Más recursos, más esfuerzo, para obtener lo mismo, la pelota. A mejor técnica individual, mayor eficiencia grupal. Esta es la importancia de la técnica, muchas veces dejada de lado en función del teórico beneficio de lo táctico sobre lo técnico. Hay quienes creen que realizar ejercicios cerrados, cíclicos y repetitivos es poco útil; que es mejor entrenar lo táctico una vez alcanzada una mínima solvencia técnica por parte de los jugadores porque esto obligará progresivamente a la mejora técnica individual. Esto es cierto sólo para los jugadores talentosos.
Nada reemplaza la técnica individual, que en términos generales consiste en hacer cada cosa con la menor cantidad de movimientos necesarios. ¿O alguien lo vio a Messi despeinarse al hacer un gol? Casi no suda!!!, porque es perfecto técnicamente.

Táctico:
Todos los jugadores toman decisiones tácticas constantemente. Decidir ser apoyo profundo o lateral es una decisión táctica, pasar o no pasar un ruck lo es, presionar acelerando la carrera o presionar estáticamente lo es, tacklear arriba trabando el balón o abajo para derribar al portador lo es. Casi todo lo que hace un jugador tiene consecuencias tácticas. De aquí que sea tan importante tener jugadores inteligentes.
El escenario más clásico de ineficiencia táctica en los delanteros es la incapacidad de resolver un ruck con sólo dos o tres jugadores, incluyendo en esto las miles de veces que los jugadores que llegan últimos en lugar de colocarse como apoyos se comprometen en la formación simplemente por inercia. Más jugadores incluidos en un ruck para obtener la misma pelota. Ya lo hemos dicho. El escenario más clásico en los 3/4 es la necesidad de hacer uno dos o más pases demás para romper la línea de ventaja o para trasladar la pelota al sector de ataque deseado.

¿Cómo podemos hacer que nuestro equipo sea más eficiente?
Pregunta simple, respuesta simple: perfeccionando la técnica y la táctica de nuestros jugadores.
Pregunta simple, respuesta compleja: preguntémonos 80 veces "por qué". Por qué mi equipo es lento, incapaz de producir juego. ¿Por qué mi equipo domina el scrum, el line, los rucks y aún así, pierde? ¿Dónde está el problema? ¿En el contacto, en los pases, en la posición de los apoyos, en la salida de la pelota del scrum, en los levantadores del line...? Una vez que hayamos sacado algunas conclusiones, comentémoslas con los jugadores. Muchos entrenadores deberían ser más explícitos con lo que desean obtener de sus jugadores, menos inductivos y más explícitos.

martes, 8 de noviembre de 2011

El uso del espacio

Hay algo que no puedo comprender. Cuando miro un partido de rugby de cualquier categoría, me llama poderosamente la atención que jugadores que portan la pelota, en superioridad numérica, por ejemplo un 3 a 1, tienen dificultades para resolverlo eficazmente con el juego de manos y terminan colisionando, porque no es un choque o percusión deliberado sino una colisión casi accidental, contra el defensor o hacen todo lo necesario para que los defensores que están en profundidad o relativamente alejados puedan llegar a posición de tackle y bloquear el movimiento de ataque. Más allá de los insultos a que son sometidos, a veces ciertamente merecidos, me pregunto cuál es la causa de esto. Hablo de jugadores que tienen la técnica suficiente para correr con la pelota en las manos y hacer un pase preciso a varios metros, aunque también es cierto que si pedimos que lo hagan hacia ambos lados... la muestra disminuye. El problema está en otro factor. No es necesariamente técnico, un problema de destrezas. El problema, creo yo, es que los jugadores no están ni entrenados ni formados en el uso del espacio. Esto es algo definitivamente grave en rugby, un juego donde el objetivo intrínseco de cada movimiento es precisamente ese, la ocupación del espacio. Debe haber pocos o ningún otro deporte en el que el espacio sea tan importante como en el rugby. Y ahí van los centros, de frente, chocándose de cabeza contra los centros adversarios...

Hurgando en las imágenes de mi mente, en la carpeta de "Entrenamientos", archivos visuales de los últimos 15 años, se repite una y otra vez la situación del cuadro de conitos demarcadores de terreno marcando terrenos ínfimos, de 5x5 o a lo sumo de 10x10, pero siempre con jugadores hacinados en su interior pegándose golpes y perdiendo la pelota. Esos mismos jugadores son los que el partido siguiente volvieron a perder la posesión de la pelota pero esta vez en una situación de juego diferente, la del 3 a 1 que mencionábamos antes con decenas de metros cuadrados alrededor y ninguna experiencia en su resolución. Quiero decir, en general no entrenamos situaciones del juego en las que nuestros jugadores estén con posesión controlada del balón, en relación numérica favorable y gran cantidad de espacio. Insistimos permanentemente en entrenar bajo el adagio de que cada jugador tiene que gestionar un espacio de 5 x 5 mts y no solemos salir de él y con esto lo que le estamos transmitiendo a los jugadores es que la referencia del juego es el adversario, no el espacio libre. ¿Cuándo fue la última vez que entrenamos un 2 a 1 en un espacio de 20 x 10 mts. o 30 x 10 mts.? ¿Por qué no lo hacemos? Porque consideramos que jugar con espacio es mucho más fácil que jugar sin espacio. Creo que esa es la razón pero también creo que esa es una verdad relativa. Es cierto que es más simple pero no necesariamente más fácil, porque implica mayor control de la carrera, del pase, del espacio en definitiva. El error más frecuente que vemos en el juego en grandes espacios es que los jugadores tienden a reducir su propia área de juego porque están acostumbrados a jugar en espacios reducidos. Lo habitual es que un jugador promedio perciba que ha tomado la marca adversaria a mucho menor distancia del adversario que lo necesario, acercándose a la línea defensiva oponente y dando como resultado la reducción del espacio que tendrá para jugar el receptor del primer pase y su apoyo externo. En defintiva, al tomar la marca demasiado cerca terminan favoreciendo a la defensa, que precisamente lo que necesita en reducir el espacio disponible para el atacante y, en consecuencia, el tiempo de reacción y ejecución del ataque.
La propuesta sería que cambiemos nuestra idea de lo que es fácil o difícil de ejecutar en el juego, asumiendo que jugar en espacios abiertos puede ser todo un desafío, a veces aún mayor que jugar en espacios cortos y con apoyo cercano y eficaz. Al alterar la variable espacio en nuestros ejercicios veremos rápidamente que varían también el tiempo (el "timing") de ejecución de la carrera, el pase, los cambios de paso, la toma efectiva de la marca y, en función de esto también variarán las necesidades de portador y apoyos, teniendo que ser más precisos no sólo en los pases, que al ser más largos serán más difíciles, sino también en la relación posicional de los jugadores, dando la posibilidad al apoyo externo de elegir su posición en el eje profundo y en el lateral en función de la posición de la defensa. De hecho, en el juego con más espacio es mucho más importante que el apoyo externo sea un buen jugador posicionalmente que en el juego cerrado, donde basta con colocarse con profundidad, sin tener que seleccionar su posición en el eje lateral (porque este prácticamente no existe). Más allá de todo este divague hipocientífico, los invito a que prueben a sus jugadores en ejercicios de 3 a 1 en espacios de 30 x 10 y se sorprenderán. Prueben un 5 a 3 en un campo de 40 x 20 mts. Cada vez que vean ganar a la defensa verán que están dejando en evidencia las falencias técnicas de los atacantes (pase, carrera) y su incapacidad de conducirse eficazmente en el espacio. Bueno, es lo que me pasó a mí. Ustedes dirán.

sábado, 29 de octubre de 2011

Sobre la defectuosa formación técnica del rugby


Hace unos días tuve una experiencia renovadora. Por esas cosas de la vida, me encontré viendo una clase de tenis para niños de 5 años. Como, al igual que muchos de ustedes, soy un aficionado a los deportes en general, me puse a observar en qué consistía la clase, cómo estaba estructurada, como estaba planificada. Creo que transcurrieron 30 segundos de esa observación conciente, contemplación diríamos más específicamente, cuando se me vino el mundo encima, cuando sentí que una revelación divina que partía de los juegos panhelénicos de la Antigüedad y llegaba viajando hasta nuestros tiempos penetró violentamente mi mente. La diferencia entre la "escuelita" de tenis y las de rugby que he visto (y no he visto pocas) es más o menos la misma que la que hay entre un Australopithecus africanus y un Premio Nobel de Literatura. Por supuesto que este no es un fenómeno estrictamente universal, pero sí es cierto que es una característica general del rugby ver una empecinada mala calidad de enseñanza en los niveles más básicos (y en lo menos básicos también).
Para empezar, la clase de tenis estaba a cargo de una persona vestida de jugador de tenis, no de pantalón de vestir, zapatos y paraguas. El physique du role, o mejor dicho, la vetêment du role, es importante. La duración programada era de 45', detalle importante si tomamos conciencia de que a poca gente adulta y universitaria se le puede pedir concentración por ese tiempo; mucho menos a niños de 5 años; 45 minutos lúdicos parecen ser un acierto. El precalentamiento comenzaba con juegos de los más simples, sin pretensiones técnicas ni complicaciones pseudoreglamentarias o ejercicios que son más complejos de ejecutar que el propio partido. A esa altura de la observación, para lo cual habían pasado no más de 2 minutos, me encontraba ya desencantado de todo lo que hice y vi hacer en nuestras escuelitas. Los de tenis, deportistas individualistas y sin valores, de baja apreciación en nuestro mundo glorioso del rugby, hacen las cosas mejor que nosotros. Desesperante, para cortarse las venas.
Al poco tiempo me tuve que ir pero sé positivamente que los pequeños aprendices de Nadales y Federers tienen tal entusiasmo que es difícil lograr que duerman a más de 30 cm. de su raquetita, logro de irrefutable envidiabilidad. ¿Cuántos de nuestros niños duermen abrazados a su pelota o con la camiseta de su ídolo como pijama?
El contrapunto de la vida hizo que de la cancha de squash (claro, la clase de tenis era en una cancha de squash; era innecesario usar algo más grande, lógica pura) viajara raudo a encontrarme con el equipo que entreno para tener una de nuestras sesiones bisemanales. Mientras me trasladaba de un lugar a otro iba pensando todo esto. ¿Puede ser posible que haya entrenadores de escuela de rugby que pretendan que sus jugadores de 6 años aprendan a resolver el contacto en todas sus formas -tackle, ruck, maul, etc.- sin haberles hecho jugar una "Mancha pelota", una "Araña", un "Quemado", un "Pilla-pilla con balón"? La pregunta del millón: ¿puede ser posible que pretendamos entrenar jugadores de base de igual forma que infantiles, cadetes, juveniles y seniors, todos con el mismo método? Esto es algo que yo personalmente he visto, y no como parte de una promoción de la fantasía de los niños para hacer que se identifiquen con sus ídolos de la elite local o internacional del rugby sino como convicción pedagógica.
Al llegar al magnífico campo de rugby que tenemos disponible para nuestros entrenamientos algo había cambiado en mi forma de ver ese gran aula verde y liso. La sospecha de sentirme un Australopithecus me hacía mirarme una y otras vez los brazos para ver si súbitamente me crecía el pelo, mirarme las manos a ver si perdía el pulgar oponente o mirar en mi interior para averiguar si sentía ese deseo ancestral de partirle la cabeza a algún bicho o congénere con la tibia de un animal muerto o de una pedrada.
Al terminar la labor entrenadoril se me acercó el talonador (hooker), metralleta verbal en mano y dispara:
- En la touche (line) ¿tengo que lanzar la pelota al medio? ¿No es mejor lanzar un poquito hacia nuestro lado?
El pobre tipo me confesó que desde hacía tres años que jugaba y que le habían dicho que lanzara hacia sus saltadores, hacia su lado y no hacia el centro de la formación como dice el reglamento y como debe ser. Desde hacía tres años que venía perfeccionando el error.
Y, como quien sigue en trance, viviendo una tarde de iluminación divina, me vino a la mente una obvia conclusión: no es que los neocelandeses juegan un rugby superlativo porque son superiores como raza, estirpe o nación, ¡¡¡es que hacen las cosas bien con sus niños!!!

jueves, 20 de octubre de 2011

Psicoanálisis de una nueva pasión argentina.

La siguiente nota salío publicada el 20 de octubre de 2011 en el diario "Página 12" de Argentina.


Nosotros, ¡Rugbiers!

La reciente participación del seleccionado argentino de rugby en el campeonato mundial que finaliza este fin de semana en Nueva Zelanda atrajo la atención de miles de aficionados; lo llamativo es la simpatía y el entusiasmo suscitado en el público neófito o poco familiarizado con este rudo deporte. Hoy por hoy, es probable que la reciente inclusión de Los Pumas en el exigente torneo de las Cuatro Naciones traduzca el actual entusiasmo en un franco apoyo a la práctica del rugby en toda la escala social, habida cuenta de que para sostener un rendimiento parejo con los neocelandeses, sudafricanos y australianos se hará necesario ampliar la base social que abastece a nuestro seleccionado, tal como, por otra parte, ocurre en otros países donde el rugby no sufrió el estigma de clase que en la Argentina, donde la práctica del rugby había estado reservada a las capas acomodadas y sólo desde 1965 se extendió a parte de las clases medias. Ahora bien, desde el punto de vista psicoanalítico ¿qué factores explican el fervor que despierta el rugby y esta paulatina pero firme apertura? Aquí algunas conjeturas.

Por empezar, es para destacar que la idiosincrasia del juego se opone de manera frontal a cualquier rasgo discriminatorio o signado por la segregación. En el rugby, la importancia del esfuerzo común está en primer plano, cosa que no siempre sucede en otros deportes de conjunto como el hockey, el fútbol o el voley. En efecto, un rasgo icónico de este juego es el empuje coordinado del scrum, una de las dos formaciones fijas dispuestas para disputar la posesión de la pelota. Lo extraordinario es que los jugadores argentinos –para desmentir los mitos acerca del individualismo criollo– se distinguen por su eficacia en este esfuerzo por empujar juntos. Y es un estupendo ejemplo de la sublimación, presente en esa fuerza erótica que, tal como afirma Freud en El Malestar en la cultura, cohesiona al conjunto social.

El contacto corporal, la solidaridad, el espíritu de grupo, la competencia o la lisa y llana convocatoria al combate –ilustrado de manera paradigmática por el haka de los All Blacks– dan cuentas del eminente valor fálico que conlleva la práctica de este juego/guerra.

Pero lo que distingue a la función del falo en el ser hablante es señalar el lugar de la diferencia, allí donde la inconsistencia del lenguaje quiebra toda pretensión de uniformidad o masificación. Desde este punto de vista, el rugby cuenta con una condición única que lo distingue de cualquier otro deporte individual o de conjunto: es un juego que admite biotipos muy diferentes entre los integrantes del equipo. Es que los puestos y funciones que conforman su dinámica son tan disímiles que hacen necesaria la participación de pesados, livianos, altos y bajos. Hasta aquí, bien podríamos decir que la naturaleza del juego le ganó a la violencia elitista a la que algunos habían pretendido confinarlo.

Razón que, entre otras, explica por qué el rugby cumple una función tan especial entre la población adolescente, siempre empeñada, por una cuestión estructural, en conformar su semblante a partir de la imagen corporal. Lacan, en el único texto que dedicó a la temática de púberes y adolescentes (“El despertar de la primavera”, en Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, 1998), formula que el hombre se hace El Hombre al incluirse en el Unoentreotros. Desde este punto de vista, el rugby compone un marco propicio y hospitalario porque alberga, en una misma escena común, la singularidad que cada sujeto porta en su cuerpo.

Además, el rugby es un juego, y todo juego compone un campo privilegiado para el despliegue metafórico: representa, merced al velo que habilita el recurso simbólico, las pulsiones más arcaicas y agresivas que agitan al ser hablante. Así, la violencia que suele manifestarse al compás de los avatares que afectan a nuestros jóvenes encuentra una vía de sublimación.

Porque, si bien el juego del rugby despliega una gran violencia corporal, durante el partido prima un respeto casi sagrado por las decisiones del juez. Quizás una manera de brindar a nuestra gente joven la oportunidad de percibir que la ley, lejos de limitarse a su carácter privador, puede también ser un instrumento al servicio de la diversión y el encuentro con el Otro.

* Licenciado en psicología. Profesor nacional de educación física. Ex coordinador del taller de movimiento en el dispositivo de hospital de día del hospital Alvarez. Ex jugador de la primera división de rugby del club San Cirano.